Las plagas de animales e insectos son una desagradable realidad con la que muchas ciudades tienen que enfrentarse. 

Las grandes urbes suelen encontrarse con dificultades para llevar a cabo de manera eficaz una gestión correcta de los desechos generados por sus habitantes. A eso hay que sumar que en muchos casos las personas que viven en ellas no se manejan con el necesario civismo, llevando a cabo comportamientos que dejan mucho que desear.

En ciudades como Barcelona, por ejemplo, son tristemente famosas algunas imágenes de turistas y jóvenes haciendo sus necesidades en la vía pública, lo que desde el punto de vista de la salubridad, no ayuda a mantener un entorno seguro frente a las plagas.

La capital catalana, precisamente, es una de las que se ha visto desbordada en los últimos tiempos por la cada vez mayor presencia de éstas.

Aunque la presencia de animales  e insectos no puede erradicarse en su totalidad en los núcleos urbanos, se entiende que debe mantenerse dentro de unos límites tolerables. Cuando ésto no sucede, es cuando los problemas se acrecientan, y las poblaciones de determinadas especies empiezan a constituir una preocupación para la salud pública.

Plagas más comunes en las ciudades

Si bien es cierto que no todas las plagas son igual de molestas, sí que todas tienen en común el hecho de causar diferentes perjuicios.

Las ratas o las cucarachas son las primeras que se nos vienen a la mente cuando hablamos de plagas comunes en las ciudades, y se entiende que la acción humana es imprescindible para devolver la situación a la normalidad, dao que la excesiva presencia de estas especies en el hábitat humano causa no solo problemas de salubridad, sino también una cierta repulsión por parte de una mayoría de personas.

Pero no todo el mundo es consciente de que otras especies también pueden causar notables daños, aunque su presencia no sea tan visible o su aspecto no nos cause sensaciones desagradables.

Así, en las ciudades es posible encontrarnos con cierta frecuencia que las poblaciones de insectos como chinches o garrapatas comienzan a generar molestias en los hogares, al llegar a estos por medio de los animales de compañía.

Y la presencia de un ave aparentemente inofensiva como la paloma también puede calificarse como plaga si el número de éstas excede lo recomendable, ya que sus heces terminan por ensuciar las calles, vehículos y plazas, generando así una serie de molestias considerables.

Como consecuencia de ello, se hace imprescindible la intervención de empresas de control de plagas, que son las encargadas de eliminar el exceso de individuos de determinada especie, devolviendo así el equilibrio a nuestro hábitat y ayudando a recuperar la normalidad.

El trabajo de estas empresas suele pasar desapercibido, pero es gracias a ellas que la vida de las personas en la gran ciudad no se ve alterada con más frecuencia por las incomodidades que las plagas generan.